jueves, 17 de marzo de 2011

Un soplo de aire fresco

Cuando el invierno todavía no tenía pensado abandonarnos, un espíritu inquieto decidió venir a visitarme. Habían transcurrido tres meses desde mi anterior visita, en concreto, Alex se marchó de aquí el 14 de noviembre de 2010, y tuve que esperar hasta el 17 de febrero para que alguien tuviese el interés (y el valor) de acercarse por estas gélidas tierras del norte.

En principio iban a ser dos los intrépidos, pero por desgracia, Germán cayó; una historia en el trabajo no le dejó venir. Pese a todo, Marta decidió seguir adelante y se presentó aquí cuando la nieve estaba en unos de sus puntos álgidos, pero ni con eso se amedrentó, después de todo "winter is comming".

El invierno aquí es especial, pocas horas de luz, temperaturas muy bajas (creo recordar que en esa semana estuvimos a -18º), pero pese a todo, o puede que por ello... deja imágenes imborrables en la retina de aquellos que se atreven a contemplarlas:









Creo que Marta disfrutó en su visita, al menos hice lo que estuvo en mi mano para que así fuese (le hice magdalenas, ¿qué más se puede pedir?). Tuvimos oportunidad de recorrer la ciudad, sentir sus calles y su suelo (ambos probamos el tacto del hielo en nuestras carnes en sendos resbalones), disfrutar de un chocolate caliente en un gran ambiente, y sobre todo de cocinar, ya que junto a ella preparé algunas de las recetas que ya se han presentado en este blog. Además, tuvimos una oportunidad que no se da muchas veces en la vida, caminar por un lago helado.

Tal vez pudimos hacer más cosas, pero al final, la compañía, que es lo que cuenta, siempre fue de lo mejor, por lo que yo disfrute enormemente con su visita.

Y ahora, para finalizar, unas fotitos:









Y de regalo, una para aquellos que todavía creen en el amor:

domingo, 13 de marzo de 2011

Varsovia (Febrero 2011)

Ya iba siendo hora de que me pusiese al día con los viajes, que como dicen por ahí "esto ya parece un blog de cocina", pues casi casi, jejejejejeje, pero entre plato y plato he seguido viajando, y bastante, y sobre todo, más aún que pienso viajar. Seguiré viajando mientras el cuerpo (y la dotación) aguanten.

Como a mí eso de narrar las cosas en orden cronológico me va más bien poco, empezaré por este viaje (que casualmente es el último hasta la fecha), ya que hace bien poquito Gabriel, uno de mis compañeros en esta aventura, me pasó las fotos.

¿Y qué se nos perdió a nosotros en Varsovia? pues se nos perdió Alex, otro compañero informático por el mundo. Tras su visita por Estocolmo, yo no podía ser menos, así que busqué algo que saliese un poquito "achuchado" de precio y me fui para allá. Gabriel, como no se pierde una, pues se unió rápidamente a la aventura.

La verdad es que Varsovia, a priori, no presenta ningún atractivo turístico importante, para eso ya están otras ciudades polacas como Cracovia. Tiene sus cosas que ver, claro está, como la mayoría de las ciudades, pero no son de esas cosas que quedarán en tu retina para siempre.

Pese a todo, la ciudad tiene encanto. Por un lado está el casco antiguo, reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial (en todo Varsovia casi no quedó ni un edificio en pie), con esas casa tan coloridas y esas callecitas estrechas que tanto me gustan.

Por otro lado está la ciudad en sí, con ese estilo soviético tan característico. Grandes avenidas con aceras muy anchas que llegan a plazas, que más que plazas, son explanadas. Todo ello franqueado por edificios muy sólidos, adornados únicamente con motivos comunistas como la hoz y el martillo.




Y por último, pero no menos importante, está la gente. Por supuesto Alex y María Jesús, que nos trataron estupendamente (tan bien nos trataron que igual hasta vuelvo a visitarles, jejejejeje), al igual que sus amigos de allí. Pero cuando yo hacía mención a la gente, me refería a la población local, a los polacos. Me llevé la sensación de que era una gente muy abierta y cercana (algo de lo que podían aprender algunos que yo me sé).


Un gran viaje y una gran compañía.

martes, 8 de marzo de 2011

Mi cumpleaños y otras fiestas de guardar

Mi casa nunca ha sido un lugar proclive a las grandes celebraciones. Somos gente bastante moderada que disfruta del día a día y que no presta excesiva atención a las ocasiones especiales. Desde que pasé un poco la infancia, la época de los regalos quedó a un lado Los cumpleaños se convirtieron en un día más, con la única salvedad de que mi madre compra tarta para comer (aunque bueno, en alguna ocasión también se compra en días sin demasiado significado, ¡¡nos encanta la tarta!!).

Aunque haya gente a la que le cueste creer que sea cierto, soy una persona bastante tímida. Sé que ciertas personas me han conocido en ambientes en los que me muestro bastante "gamberrete" y bromista, pero la realidad es que soy alguien tímido e introvertido que prefiere pasar desapercibido.

Ambos hechos hacen que, en general, prefiera no comentar demasiado cuando es mi cumpleaños y que no lo suela mostrar en las redes sociales.

Mis compañeros de aventura sueca, pese a mi reticencia a comentar la fecha de mi cumpleaños, consiguieron hacerse con ella y decidieron prepararme una fiesta sorpresa. Nunca en mi vida había tenido una fiesta sorpresa de cumpleaños, así que puedo decir que fue toda una sorpresa.

De unos años a esta parte, en mi grupo de amigos comenzamos a hacer regalos de cumpleaños. Manda narices que tardásemos más de 20 años en hacernos un regalo entre nosotros, pero bueno, supongo que más vale tarde que nunca.

El caso es que mis amigos ya me hicieron un excelente regalo (impagable diría yo) como despedida, un ebook, por lo que no esperaba recibir nada más. Cuál fue mi sorpresa cuando me llegó a la oficina la notificación de que tenía un paquete esperándome en Correos; dicho paquete contenía mi regalo, unas magníficas botas de montaña, sin duda sumamente prácticas cuando te pasas el día caminando sobre hielo.

En fin, ambos sucesos me hicieron una ilusión inmensa, sé que pudiera no parecerlo, pero es así.

MUCHAS GRACIAS

PD Lo mejor de las fiestas en Estocolmo es que son en pantuflas...


domingo, 6 de marzo de 2011

Bizcocho

Seguimos con mi vena cocinera. En este caso os presento la receta para hacer bizcocho, o una de ellas, porque estoy seguro de que existen multitud de formas de hacerlo. Esta receta me la pasó Gerardo, un compañero de trabajo; bueno, técnicamente hicimos juntos el bizcocho una tarde en casa.

INGREDIENTES:
- 1 Vaso de yogur.
- 1 Vaso de aceite.
- 2 Vasos de azúcar.
- 3 Vasos de harina.
- 3 Huevos.
- 1 Cucharada sopera de levadura.
- Mantequilla.

PREPARACIÓN:

- Batimos los huevos y mezclamos con el yogur (yo utilicé yogur de vainilla, podéis usar de cualquier sabor, seguro que estará bueno), el aceite y el azúcar. Removemos bien hasta que el azúcar quede bien disuelto.
- Vamos añadiendo la harina poco a poco mientras removemos para que se vaya haciendo una pasta de forma homogénea y no se generen grumos (como no tengo batidora, pues a golpe de tenedor tocó hacerlo).
- Untamos de mantequilla el borde del molde y echamos la masa.
- Precalentamos el horno a 170º, cuando esté listo introducimos el bizcocho durante 35 minutos.
- Para comprobar que esté listo basta con utilizar el truco de siempre, se pincha con un palillo y si este sale limpio, es que ya está.

VARIANTES:
- Como se puede observar, el bizcocho subió más por la parte central que por los lados. Lo estuve hablando con mi madre y me comentó que eso solía pasar cuando se utilizaban moldes que no eran circulares. Así que ahí os dejo el dato, para que lo tengáis en cuenta.
- La verdad es que la receta tiene pocas variantes, la única está en el sabor del yogur o el tipo de aceite a utilizar.
- Este tipo de bizcocho también se puede utilizar como base para otros postres o incluso se puede rellenar de mermelada o crema de cacao si se desea.

El resultado fue bastante bueno, de forma quedó un poco peculiar, debido a que subió más por el centro que por los lados, pero de sabor y textura estaba excelente.

Como digo en todos mis platos, se trata de un postre fácil de hacer y que no requiere ningún ingrediente o utensilio complicado (porque sino yo no podría hacerlo), así que espero que os animéis alguno con él.

martes, 1 de marzo de 2011

Espaguetis a la carbonara

Y aquí os traigo un clásico entre los clásicos. Porque todos hemos intentado esta receta de un modo u otro, pero muy pocos conocen la "italian version" o como se supone debería ser. Marta venía con ganas de que la hiciésemos un día para comer, así que nos pusimos con ella.

INGREDIENTES PARA 3 PERSONAS:
- 3 Huevos.
- Espaguetis.
- 3 Cucharadas soperas de nata.
- Bacón.
- Queso parmesano.
- Avecrem.
- Pimienta.
- Orégano.
- Aceite de oliva.

PREPARACIÓN:

- Pones a hervir en una cazuela agua con un chorrito de aceite de oliva y una pastilla de avecrem. Cuando esté hirviendo añades los espaguetis. En cuanto a la cantidad, yo calculo que un paquete da para unas 4 - 5 personas, por lo que con echar algo más de medio paquete tienes suficiente.
- Cuando estén listos (esto va un poco al gusto de cada uno, alguno los prefieren "al dente", otros más hechos...) los escurres y los dejas reposar.
- En una sartén honda se fríe el bacón. Cuando esté doradito se añaden los espaguetis y se mezcla todo bien hasta que queden muy calientes y se retira del fuego.
- En paralelo se baten los huevos y se añade una cucharada sopera de nata por ración, también se echan el orégano y la pimienta.
- El toque final es mezclar los espaguetis con el huevo y la nata batidos, de forma que sea el propio calor que tiene la pasta el que cocine la mezcla.
- Al servir se añade el queso parmesano al gusto.

VARIANTES:
- La principal variantes o añadido, sería la incorporación de champiñón y cebolla a la receta. El momento sería en la fase de sartén. En primer lugar se haría la cebolla a fuego lento hasta que quedase doratida, luego los champiñones troceados en finas rodajas.
- En caso de que no tengas nata líquida, puedes utilizar queso para untar.

De cualquier modo, con champiñones o sin ellos la receta es muy sencilla, rápida de hacer, suculenta, y, lo más importante, es un plato que gusta a todo el mundo.

Creo que es una forma estupenda de quedar bien con alguien, puesto que pese a ser una receta conocida, no mucha gente la hace de este modo, así que es una buena forma de innovar con un clásico.